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Feliks M. Rostislav {100%}

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Feliks M. Rostislav {100%}

Mensaje por Feliks M. Rostislav el Sáb Sep 17, 2011 8:00 am

Datos Básicos

Nombre Completo:
Feliks Maksimilian Rostislav Samuil
Edad Real || Edad Aparente:
67 años || 24 años
Fecha de Nacimiento || Fecha de Transformación:
21//01/1753 || 07//07//1777
Nacionalidad:
Moskou {Russia}
Raza
Vampiro
Orientación Sexual
Bisexual
Descripciones

Descripcion Física:
Lo más lógico de pensar es que Feliks, por pertenecer a la estirpe a la que pertenece, sería poseedor de la belleza intachable de los vampiros, su elegancia, y su buena presencia. ¿Sabes algo? No hay nada más lejos de la realidad ahora mismo. Sí es cierto que Feliks tiene unos rasgos atractivos de nacimiento, pero en cuanto a buena presencia deja mucho que desear. La mayoría del tiempo lleva su negro y largo cabello desarreglado, despeinado, cayéndole sobre los ojos de cualquier forma. Su profunda palidez se asemeja demasiado a la de los cadáveres, y más si tenemos en cuenta las pronunciadas ojeras que tiene debajo de los ojos. Unos ojos de negrura solidificada, írises con una recóndita tonalidad rojiza, pero apenas perceptible al ojo humano. ¿Facciones? Su rostro tiene una forma cuadrada, con la mandíbula y los pómulos marcados, los ojos sombreados por unas tupidas cejas y la nariz y la boca discretas, sutiles. En general, hay una sutileza contrastada en toda su apariencia, como si fuera más de lo que aparenta. Más de lo que se ve a simple vista.

Descripcion Psícologica:
Decir que Feliks está chalado sería el camino fácil... ¿no te parece? En realidad probablemente se trata de algo más complejo que eso. Pero no nos avancemos a los acontecimientos. Empecemos, pues, por lo que se ve a simple vista: decadencia, perdición, soledad. Quien lo observa por primera vez no tarda en considerarle uno de tantos jóvenes que se han echado a perder por culpa de la bebida y una ambición desmedida que ha terminado convertida en cenizas. Sarcástico, introvertido, desagradable. Sí, Fel lo es. Es la criatura más desagradable sobre la faz de la tierra, con sus comentarios arrogantes y esa mirada de gran sabedor caído en la ruina. Pero si sólo se tratara de eso aún habría algún insensato que querría acercarse a él con la vana esperanza de ver a través de la muralla.

Pero no, no es sólo eso. En absoluto. ¿Cómo decirlo? Feliks Rostislav es algo más que un caído en batalla que se dedica a narrar a los fantasmas un bar miles de guerras libradas en el pasado. Es el aroma de tabaco marchito, la mirada perdida y la sonrisa socarrona. Es el puñal que se clava por la espalda y la nula empatía con las personas. Es un monstruo, y le encanta serlo. Se ha pasado demasiados años huyendo de su propia naturaleza demoníaca, así que ahora sólo le queda regozijarse en ella. ¿Odia? Ya lo creo que sí. ¿Ama? No está del todo claro. Quien observe sus actos no tardará en dar un no rotundo a eso. Pero quien se meta en su piel se dará cuenta que se trata de algo mucho, mucho más complejo que simplemente amar o dejar de amar.

Feliks siempre tuvo problemas para conectar con sus emociones; y no sólo, sino también para expresarlas. Su mente era un cúmulo impulsos ciegos, un caos encerrado en un cuerpo inexperto que apenas podía lidiar consigo mismo. Era, y es, un hombre temperamental. Hostil, distante, con bruscos arranques de agresividad, porque todo es agresividad en el mundo de Fel. La protección es agresividad. El interés es agresividad. El amor es agresividad.

Y ahí es donde llegamos al quid de la cuestión: Feliks destroza todo aquello que ama. No lo hace de un modo consciente, pero lo hace. Hiere con palabras y con gestos, con golpes directos a la parte más vulnerable de las personas. La ira y el cariño se entremezclan dentro de su pecho y siempre provocan el mismo arrollo de impulsividad que más tarde termina pagando caro. No te sorprendas si un día te acorrala en un callejón y actúa como si no os conociérais, como si no fueras más que un desconocido al que no siente el más mínimo reparo en dañar; probablemente, en ese instante, lo eres. Y tampoco te sorprendas si al día siguiente le encuentras arrodillado en el suelo, agarrándose la cabeza y gritando como si estuviera poseído; todo ese cúmulo interior de contradiccions a veces termina por explotar. Culpabilidad, rabia, anhelo, placer, todo en un mismo corazón.

Visto así, no resulta tan descabellado pensar que Feliks está al borde de perder la cordura, ¿no crees?
Datos Familiares

Miembros de la Familia:
—Irina Aleksis Samiel: madre. Una mujer humilde y modesta, muy subordinada a las órdenes de su marido. Feliks nunca tuvo gran relación con ella.
—Vladimir Sergey Rostislav: padre. Un hombre pragmático, realista y estricto cuya máxima ambición y fijación era su trabajo como carpintero. Trató de que su hijo mayor siguiera sus pasos, sin éxito. Feliks le recuerda con una mezcla de miedo y admiración.
—Igor Mijaíl Rostislav: hermano menor. Un chico alegre, feliz, despreocupado. El reflejo de lo que tendría que haber sido Feliks. Su hermano mayor lo adoraba más que a su propia vida.

Historia:
Corría el año 1753 cuando la humilde familia de carpinteros de Feliks, los Rostislav, concebían a su primer hijo en una gélida mañana de Enero. Emparados bajo una casa que apenas se tenía en pie, rodeados de la miseria de la clase más baja de Moskou y del frío invernal que siempre reinaba en esas tierras. Ahí fue donde nació Feliks.

Quienes conocieron a sus padres aseguran que le pusieron aquel nombre, Feliks, porque precisamente querían que fuera un niño feliz. Ilusos de ellos. La infancia de Feliks nunca fue feliz. Condenado desde su nacimiento a permanecer en el bajo perfil que llevaba toda la dinastía Rostislav, a Feliks le fueron acribilladas todas las ilusiones y esperanzas en sus primeros años de vida. De joven quería ser músico, pero su padre, un hombre pragmático y realista donde los haya, le mostraba cada mañana la mesa de trabajo en la carpintería y le decía que hasta que la pila de encargos no estuviera vacía, él no podría darse siquiera el lujo de soñar. Pero esa pila nunca se vaciaba, y con el tiempo Feliks comprendió que nunca lo haría.

Y así creció. Sin educación ni cultura, sin amigos, sin más familia que aquella con quien compartía silenciosas y pobres cenas a la luz de las velas. Feliks más de una vez creyó que terminaría enloqueciendo de frustración, de no ser por el nacimiento de Igor; su hermano pequeño.

Igor nació cuando Feliks tenía seis años. Era un niño adorable, todo hoyuelos y ojos curiosos. Feliks lo amó desde el primer momento en que lo tuvo en brazos, y se prometió que bajo ningún concepto permitiría que nunca, nunca le sucediera nada malo. Igor creció y se convirtió en su vida, su pequeño; Feliks fue para él más un padre que un hermano, puesto que Vladimir siempre se mostró más preocupado por el trabajo que por su hijo menor. Y de este modo Feliks comprendió que debía ocupar su lugar; y lo hizo sin rechistar, sin siquiera plantearse una alternativa, porque le gustaba Igor y le gustaba ser su máximo pilar en la vida.

Ojalá hubiera sabido lo que el tiempo deparaba para él. Quizás, de haberlo hecho, se habría alejado de sus padres y su hermano a tiempo. Pero no lo hizo, y para cuando aquel vampiro de San Petersburgo le acorraló en un callejón y le mordió, el destino había sido escrito. Esa misma noche Feliks, ciego de sed e ira, arremetió contra su propia familia, matándoles a todos ellos sin siquiera pestañear.

Igor fue el primero.

Años después Feliks todavía maldecía el preciso segundo de su nacimiento como a nada más en el mundo. Durante décadas se dedicó a vagar por tierras extranjeras, donde nadie le conociera ni nadie pudiera juzgarle. Se alimentaba de humanos esporádicos que encontraba por ahí (sin llegar nunca a matarles), se llevaba a mujeres a la cama, trataba de apaciguar el grito que siempre le latía en el pecho. Pocas veces lo conseguía. Y las pocas veces que lo conseguía, era porque terminaba desfallecido de desidia en las puertas de cualquier bar, borracho y perdido para la posteridad. Estaba muerto, y no sólo porque su corazón on latiera; estaba muerto, putrefacto en lo más hondo de su alma.

Y entonces llegó aquí, a Italia. Hace diez años se instaló en un viejo piso del centro y siguió llevando la vida de decadencia que siempre había llevado. Se planteó varias veces el suicidio, como ya era costumbre. Se alimentó de humanos sin llegar nunca a matarles, como ya era costumbre también. Y ahora, justo ahora, se ha topado con uno de ellos en concreto, un humano con el rostro de su hermano y el nombre de un fantasma: Igor Vladimir Lébedev. El chico que le tiene obsesionado desde que está aquí y el único motivo por el que todavía no ha vuelto a marcharse a otro país ahora que la gente habla e insinúa que nunca envejece. Sí, ese nuevo Igor se está convirtiendo en su renovada obsesión.

Otra vez.
Otros Datos

Enfermedades:
Más que sus vicios, nada.
Gustos:
—El alcohol, el tabaco, las salidas nocturnas y solitarias a los bares de la zona.
—Su música, aunque hace años que no toca. Muchos.
—El sexo, tanto con otros hombres como con mujeres.
—La soledad, el silencio.
—La estupidez ajena. Le demuestran una vez más que está muy por encima de la mayoría.

Disgustos:
—Los derroches de sentimentalismo innecesarios.
—Todo aquello que le recuerde a su hermano.
—La sangre. ¿Contradictorio? En absoluto.
—Las clases altas. Desde siempre, Feliks ha pertenecido a la plebe.
—Matar humanos al alimentarse de ellos. Pocas veces lo ha hecho. Lo repudia profundamente, Dios sabe por qué. Pero no es algo que concuerde con su forma mezquina de ser, ¿no?

Manías:
—Fumar, fumar, fumar.
—Sonreír con sorna, sin siquiera molestarse en ocultarlo.

Fobias:
—La sangre. La ama, la odia, la repudia, la necesita. Todo a la vez.
—Los niños. Curioso, pero cierto. Le transmiten un gran recelo.

Don:
—Parálisis tactil: este don, como su nombre indica, consiste en la capacidad de paralizar los miembros de una persona o a ella entera mediante el tacto. Cuando Feliks toca a alguien con las manos, transmite una rara electricidad por la piel que provoca que la otra persona sea incapaz de mover aquella zona que él ha tocado, como si perdiera de pronto el control sobre su propio cuerpo. Esto, obviamente, no sucede siempre que Feliks toca a alguien; él lo controla a voluntad

Fallo de Don:
Son parálisis relativamente temporales, así que en cuestión de segundos la presa recupera el control de su cuerpo y puede huír. Además, el hecho de que sea un don táctil implica que Feliks debe acercarse mucho a su potencial rival, lo que le pone en desventaja si la otra persona domina mejor la lucha cuerpo a cuerpo que él. Por último, utilizar este don para él puede convertirse en una especie de adicción; ver el absoluto poder que tiene sobre alguien paralizado le dispara la adrenalina y la sensación de omnipotencia. Le resulta difícil mantener la mente fría cuando eso sucede.

Otros Datos:


Última edición por Feliks M. Rostislav el Sáb Sep 17, 2011 11:04 am, editado 1 vez
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Re: Feliks M. Rostislav {100%}

Mensaje por Sulpicia L. Appelwhite el Sáb Sep 17, 2011 11:18 am

FICHA ACEPTADA
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